Pasar una mañana de mediados de abril en las Arribes del Duero es uno de esos placeres a los que uno no debe renunciar nunca, y si además disfrutas del privilegio de tener como anfitriones a Dolores y Adolfo, el redondeo de la jornada está asegurado.

Adolfo se arranca con una Despedida acompañado por la zambomba hecha con cántaro de Moveros y una caña de barceo atravesando el parche.
Este matrimonio son vivo ejemplo de lo que es llevar a cabo eso que hoy está tan de moda: una vida sostenible.
Victor Casas, pionero en muchos proyectos dentro de Arribes, y vecino de Adolfo y Dolores en Fornillos de Fermoselle lo resume magistralmente:
“Su casa es un manual de ecología cultural. Allí convive la higuera –en un rincón del gallinero- con la leña de jara y encina; las cebollas secándose al sol, los semilleros de tomates y pimientos, el corcho en funciones de canalón o tiesto para geranios, los barrederos de escoba verde y la madera de negrillo en los zachos hortelanos. Y caléndulas entre las lanchas de granito. En la cocina, junto al aroma de menta, poleo, orégano, laurel, aceite, vinagre y ajo, habitan humildes sillas de bayón, cestas de mimbrero, morteros torneados de enguelgue y escobajos de barceo, para barrer la ceniza del fuego hospitalario”.
Esos humildes escobajos de barceo fueron el motivo de la visita del fotógrafo y ellos, bajo el aviso de Victor, esperaban con planta preparada.
Adolfo y Dolores se afanaron en mostrar cómo se deben seguir pautas muy concretas para el buen acabado del escobajo. Sus palabras y sus manos son depositarias de un saber heredado que escapa sin remedio como arena entre las manos y ellos, maestros desinteresados, ponen sobre la mesa todo lo que el tiempo les ha enseñado.