Hágase la luz La producción comercial de electricidad derivada del carbón, que comenzó en 1882, dio inicio a lo que se conoce como “Segunda Revolución Industrial”, una revolución que continúa en nuestros días. Al principio no existía un modo de transportar energía a grandes distancias, por lo que las plantas generadoras de electricidad alimentadas con carbón eran pequeñas y estaban ubicadas en los barrios a los que suministraban energía. Hoy en día, por lo general las plantas eléctricas se construyen cerca de las minas que proporcionan el combustible. A menudo están situadas a cientos de kilómetros de los lugares en los que se utiliza la electricidad, que llega hasta allí a través de líneas eléctricas de alto voltaje. Bombillas La luz eléctrica fue una revelación: intensa, constante y segura. Las primeras bombillas, aunque eran pequeñas e ineficientes, proporcionaban la misma luz que 20 velas. El descubrimiento se impuso rápidamente; el inventor de la bombilla, el estadounidense Thomas Edison, inauguró su estación generadora de electricidad en el Bajo Manhattan en 1882, y en 14 meses ya contaba con 508 abonados. La mayor parte eran negocios y empleaban un total de 12.732 bombillas.
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