Las olas de calor son más frecuentes y más intensas Aunque una tarde calurosa puede ser realmente incómoda, es muy raro que se convierta en motivo de pánico. Pero cuando el calor persiste durante días o durante semanas -lo que se denomina ola de calor- los cultivos se marchitan, el firme de las carreteras se deforma, los animales sufren y las tasas de defunción se elevan. Desde 1950, muchas regiones del mundo se han visto azotadas por olas de calor cada vez más frecuentes e intensas, desde el Medio Oeste americano hasta Europa. Y si tenemos en cuenta que las temperaturas medias del aire no dejan de elevarse, las olas de calor probablemente se hagan cada vez más habituales. ¿Por qué son tan peligrosas las olas de calor? Las olas de calor se caracterizan por las elevadas temperaturas que se alcanzan durante el día, lo que puede hacer que las personas sufran golpes de calor y deshidratación. Pero lo que hace que este fenómeno sea especialmente peligroso son las elevadas temperaturas nocturnas, que no permiten que la gente se refresque, descanse y se rehidrate. Las personas mayores se encuentran en especial situación de riesgo a causa de su estado de salud y su falta de movilidad. Ola de calor en Europa, en 2003: ¿Lo que nos espera? Los científicos no pueden afirmar que un evento meteorológico determinado, como la devastadora ola de calor de 2003 en Europa, fuera causado por el cambio climático. Pero fue un suceso muy raro y los expertos pronostican que, conforme la temperatura de la Tierra vaya en aumento, las olas de calor como esa serán más habituales. El verano de 2003 en Europa del Sur y Europa central fue 4ºC más cálido de lo habitual, probablemente el más caluroso de los últimos 500 años. Las temperaturas de Londres (Inglaterra) superaron los 38ºC por primera vez en 300 años. También se batieron récords de temperatura en Francia, Alemania, Suiza, España, Italia y Portugal. En la mayoría de ciudades europeas no abundan las instalaciones de aire acondicionado, y además las ciudades no están preparadas para soportar temperaturas tan elevadas. El calor extremo unido a la ausencia de lluvias supuso unas pérdidas de más de 13.000 millones de euros, por la destrucción de cultivos y otros daños sufridos en el campo. Los niveles de agua de los principales ríos, como el Loira, marcaron mínimos históricos, lo que afectó al tráfico fluvial, los sistemas de riego, el transporte y la industria.
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