Los orígenes del carbón El carbón es un vestigio de la vida en el pasado, una especie de fósil que comienza su historia como una maraña de plantas en la superficie de una Tierra muy antigua. Para realizar la fotosíntesis las plantas utilizan la luz del sol, el agua y el CO2, y liberan oxígeno a la atmósfera. Cuando las plantas mueren y se descomponen, el carbono presente en sus tejidos vuelve a la atmósfera en forma de CO2 o de otro gas, el metano (CH4). Pero las plantas que dieron origen al carbón quedaron enterradas demasiado rápido como para poder descomponerse totalmente. Y con el tiempo, el carbono que contenían se convirtió en carbón. Cuando quemamos carbón, estamos devolviendo de forma brusca a la atmósfera el carbono capturado lentamente por antiguos organismos durante decenas de millones de años. Efectos secundarios Una planta de combustión de carbón convencional produce 6 millones de toneladas de CO2 al año. El carbón en combustión emite también metales pesados como el cadmio y el mercurio, los cuales no contribuyen al calentamiento pero sí son tóxicos para el medio ambiente. La combustión del carbón supone una mayor exposición a la radiación que la energía nuclear y provoca la emisión de dióxido de azufre (SO2) y óxidos de nitrógeno (NOx), responsables de la lluvia ácida. Yacimientos mundiales de carbón
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