El primero en responder ¿Por qué tiene el Ártico una respuesta tan rápida al cambio climático? Por el siguiente motivo: el aumento de temperatura reduce la capa de nieve y hielo, lo que provoca una disminución de la reflexión y que el océano quede al descubierto. A consecuencia de esto, el Ártico se está calentado al doble de velocidad que el resto del hemisferio norte. Además, la fusión del permafrost provoca la emisión de gases de efecto invernadero. Si esto ocurre a gran escala, se disparará aún más el calentamiento, no sólo a nivel local, sino también a escala mundial. Este calentamiento ya está afectando a la banquisa ártica. En los últimos tiempos se está reduciendo su extensión y grosor a un ritmo récord. Para las personas, animales y plantas que viven en el Ártico, la velocidad del cambio climático plantea serios desafíos. Y todos vamos a sufrir las consecuencias de los cambios en los polos. Hielo fino La banquisa sirve como plataforma para la caza tradicional de focas y ballenas de Groenlandia por parte de los esquimales inupiat, que viven en la zona ártica de Alaska. Cuando disminuye la superficie de hielo grueso, como ocurre en la actualidad, la caza se vuelve más peligrosa. El cambio climático afectará a los cuatro millones de habitantes del Ártico, pero los 400.000 esquimales que siguen practicando la caza y la pesca tradicional probablemente sean los más afectados por estos cambios. Noticias para navegantes La reducción de grosor de la banquisa ártica puede tener consecuencias drásticas e impredecibles para el cambio climático. Aunque puede tener también algunas ventajas. La práctica desaparición del hielo del océano Ártico representaría una reducción de las rutas marítimas entre Europa y Asia. Y las naciones cuyas fronteras están en el Ártico se apresuran a cartografiar los fondos marinos, con la esperanza de encontrar petróleo, gas natural y otros recursos ocultos durante mucho tiempo. Reubicación La banquisa reduce la acción del oleaje, y su desaparición deja expuestas a la furia de las tormentas a aldeas costeras como Kivalina, en el noroeste de Alaska. La erosión ocasionada por las tormentas hace desaparecer el suelo de esta aldea, cuyos habitantes tendrán que abandonar el que ha sido su hogar durante generaciones.
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