Nuestra sociedad hiperenergética
Las comodidades modernas han mejorado en gran medida nuestras vidas, pero el clima del planeta está pagando cara la energía necesaria para mantener esa forma de vida. El uso de combustibles fósiles ha sido el responsable de la mayor concentración de dióxido de carbono debida a la actividad humana, y en la actualidad provoca la emisión a la atmósfera de unos 30.000 millones de toneladas métricas anuales de este gas. Las economías emergentes de los países en desarrollo, el aumento de la población, la industrialización y los ingresos cada vez más elevados conducen a un enorme aumento del consumo personal de energía en el futuro. China, India o Brasil podrían superar en unas décadas el gasto doméstico de electricidad de Europa y Estados Unidos. Si no se empieza ahora a restringir las emisiones en todo el mundo, en los próximos años se incrementará en gran manera la concentración de CO2 atmosférico. La revolución de la información Un aparato electrónico, el ordenador personal, ha transformado la forma de trabajar y comunicarnos, y su propagación ha sido rapidísima. En 1987, había tan pocos ordenadores que el departamento de energía de Estados Unidos ni siquiera llevaba un registro; en 2006, 8 de cada 10 estadounidenses disponían de ordenador personal. Ese mismo año, los ordenadores usados en todo el mundo ascendían a 1.000 millones.
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